Un consultor IT comenzó una huerta urbana y convenció a sus vecinos gracias al ajo

Siddartha es un consultor IT que en el 2012 se aniño a probar suerte con la jardinería urbana, justo en una época en la que aún no era muy popular y las personas no estaban tan convencidas de que se pudiera hacer. Pero esto no fue un impedimento para Sid, quien aplicó los principios de la permacultura en una terraza de menos de 2000 pies cuadrados.

Había leído sobre cómo se inyectaban pesticidas e insecticidas en los alimentos que consumíamos y eso fue lo primero que me impulsó a investigar sobre agricultura orgánica. La otra motivación importante fue la necesidad de proporcionar alimentos buenos, limpios y sin químicos a mi hija, que tenía tres años en ese momento”. cuenta Sidkar acerca de su motivación principal.

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Fue así como comenzó cultivando plátano, granada, papaya, manzana de madera, uvas y luego vegetales de temporada. En el proceso aprendió que una buena agricultura no depende tanto de producir buenas cosechas sino de cultivar un buen suelo.

Los desafíos de Sid para lograr su huerta.

En un principio, Sid no sabía nada sobre jardinería urbana por lo que estuvo abierto a recibir muchos consejos, aunque la mayoría lo descubrió a través del ensayo y error. Y aunque contaba con un área bastante grande para usar, un gran desafío fue conseguir llevar la tierra a su terraza.

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Mientras probé varias cosas, no pude lograr hacerlo solo. Yo vivía en una comunidad cerrada en ese momento y conseguí que la agencia de administración de la propiedad hiciera que los jardineros arrojaran todos sus desechos en mi terraza. Así que todos los días traían hierba y ramitas y las dejaban en mi terraza”, dice.

Señala también que la jardinería urbana requiere un esfuerzo constante, y si te alejas de ella básicamente se derrumba. Además, sus vecinos tenían miedo de tener una terraza llena de roedores, insectos y otros bichos.

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La diplomacia del ajo para convencer a los vecinos.

Para el momento en el que el jardín de Sid comenzó a florecer el ajo, en el mercado tenía un precio bastante elevado de casi 4 usd / kg. Fue así como, acompañado de su hija que se encargaba de llevar una canasta de ajos, se encargó de recorrer todas las casas del barrio para regalarles ajo de su huerta. “Ese gesto, que yo llamo, diplomacia del ajo, derritió muchos corazones y atrajo a la gente a lo que estábamos haciendo”. expresa Sid.

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Esa misma comunidad cerrada, que en un principio se opuso al trabajo que estaba haciendo Sid, pasó a ganar un premio del municipio por manejar sus residuos sólidos de manera eficiente.

Cuando comencé, nadie estaba de acuerdo con nada de lo que estaba tratando de practicar, así que verlos hacer tanto y volverse conscientes del medio ambiente es un gran sentimiento”, dice.

Sid nos avisa que cultivar alimentos propios ofrece un gran sentido de propósito y orgullo. Las frustraciones son una parte inevitable, pero si te encargas de disfrutar el proceso todo estará bien.

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